Existencia y Rutina
Existir es repetir. Vivir no fuera posible si de contìnuo no reiteràramos actos idènticos. Esa repeticiòn es tan insistente, rutinaria e igual que es imposible no terminar por hacer nuestros actos mecànicamente, y lo que es màs raro aùn amarlos, no encontrarlos tediosos. No poder estar sin ellos.
La vida es una sola, grande, maravillosa y diversificada rutina. Rutina que no es tediosa ni odiosa. Una rutina llena de fantasìa de la que jamàs nos cansamos porque la vida no cansa, bueno, casi nunca cansa.
Los actos repetitivos son bellos por dos razones: primero porque los actos humanos, sea cual fuera su naturaleza son idènticos y distintos a la vez. Son iguales pero tienen un saborcillo a variedad que personalmente nos parece un misterio. Segundo, porque es la esencia de ser...Ser es existir, y, en los humanos existir es vivir.
Nuestro universo de repeticiones es biològico y es intelectual. El biològico sigue un patròn genètico casi infinito, y, hasta ahora apenas conocido. Desde la conjunciòn del òvulo con el espermatozoide, se habràn de repetir billones de actos vitales invisibles, absolutamente indispensables para la vida, complicadìsimas, y en un silencio absoluto.
En el universo de nuestra capacidad cognoscitiva la inacabable repeticiòn, generarà la experiencia, engendrarà los conocimientos, la memoria, la atracciòn y la repulsiòn, los traumas y las gratificaciones.
Y no vamos a mencionar el campo de la filosofìa, el arte y la literatura en las que como un contrasentido se hacen creaciones, increìbles creaciones, en base a la repeticion de los mismos elementos de diferentes maneras dispuestos.
Como repeticiòn suena a rutina y a su vez lo rutinario es gris y cansòn, no alcanzamos a distinguir su aristocràtica luz, y, lo que sentimos ser bello no lo asociamos jamàs, por ignorancia, con el acto rutinario y repetitivo.
Repetimos actos, tenemos que repetir actos porque es imposible que hasta el màs mìnimo acontecer nuestro sea un hecho enteramente nuevo. Nunca terminarìamos de aprender y el gènero humano si no hubiera desaparecido ya, estarìa anquilosado en vias de extinciòn.
Cada generaciòn supondrìa un verdadero maratòn de novedades complicadìsimas que aprender para poder vivir. Estamos programados para hacer las mismas cosas con mìnimo de elementos y vaya si se hacen.
Observamos el caso del abecedario latino, 27 gràficas incluyendo las vocales, y las combinaciones son infinitas. La variedad de palabras no tienen fin, y no sòlo en castellano sino en el resto de las lenguas romances, en el propio latìn, y en las lenguas no romances pero que usan como inglès, alemàn, filandès, holandès....pero que usan las grafìas latinas.
Una eterna repeticiòn. Constante repeticiòn...Imperceptible repeticiòn. La primera ventaja de nuestra condiciòn de repetidores es el aval de experiencia que se và acumulando en cada uno...Experiencia en ambos planos, en el de la vida fìsica, y en la intelectual.Hay quienes no aprovechan esas experiencias, son los que tienen problemas para madurar.
Nuestro comportamiento invariablemente repetitivo y rutinario nos perfecciona, mejora, previene, e induce al progreso. Nunca nos cansamos de despertar saludables por las mañanas para entregarnos al trabajo...Ni constituye una rutina sentarnos tres veces al dìa alimentarnos. El macro-cosmos y el micro-cosmos estàn regidos por la constante de la repeticiòn. Se repite todo con verdadera unciòn, y esa constante, nos hace profundizar cada vez màs en la belleza de la vida. Pero hay repeticiones que son funestas como el caso de repetir errores en la vida personal y social.
El hombre como los pueblos estan uncidos al carromato de las repeticiones, y puede, y se da el error: y puede, y se dà la repeticiòn del error que es mas triste. Existir y repetir... vivir y reiterar.
Lo rutinario provoca nuestras protestas porque nos resulta cansòn, pero eso sòlo se refiere algunas rutinas de pacotilla, que si hartan, no, la rutina brillante de la existencia.........

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